Curiosidades de nuestros destinos en Alemania

El alemán se ha convertido en un idioma imprescindible. Todos los días llegan noticias de estudiantes que deciden empezar una nueva vida en Alemania. Sabemos que muchos de los que estáis leyendo este texto os estáis planteando eso mismo, así que os proponemos, como primera toma de contacto el idioma, alguno de nuestros cursos en aquel país.

Los destinos disponibles son Berlin, Colonia, Frankfurt, Hamburgo, Heidelberg, Munich y Tübingen. Cada una de estas ciudades tiene su importancia, su historia, sus posibilidades… pero también sus curiosidades. Aquí os dejamos algunas que os divertirán.

Berlín: Nos han contado que, etimológicamente, “Berlín” significa “tierra pantanosa” debido a que el terreno en el que se asienta era una laguna. Es curioso: otras capitales como Moscú o México también fueron construidas en esta clase de tierras.

En Berlín os podéis encontrar algunos semáforos que indican el paso de peatones con dos curioso muñecos con sombrero: el verde, que además señala con uno de sus brazos la dirección de paso; y el rojo, que permanece de pie con los brazos en cruz. Son los “Ampelmännchen”, que se usaban en los semáforos del Berlín de la RDA. Con la unificación se les sustituyó por otro diseño, pero muchos habitantes de la ciudad se unieron en su defensa, consiguiendo que volvieran a algunos barrios. Hoy se han convertido en un símbolo de la ciudad y aparecen en toda clase de souvenirs.

Colonia: Aunque nos hemos formado una imagen del típico alemán como serio y poco amigo de las fiestas eso es completamente falso, especialmente en Colonia. Esta ciudad celebra uno de los carnavales más animados, concurridos y “fiesteros” de Europa. Se le conoce como “La quinta estación” porque dura del 11 de noviembre… ¡hasta el miércoles de ceniza! Esto significa que las celebraciones y desfiles se alargan durante casi tres meses.

Muchos domingos puede verse en los parques públicos de la ciudad a familias enteras asando salchichas y filetes en barbacoas portátiles. En Colonia está permitido hacer “parrilladas” en la mayoría de los parques, pero hay que observar ciertas reglas de seguridad. Si os pillan faltando a alguna de ellas podéis ser multados con multas de hasta 300 Euros.

Frankfurt: Durante el tiempo en el que Alemania estuvo dividida en un bloque prooccidental y otro prosoviético se pensó en Frankfurt como capital de la occidental República Federal debido a que era la sede administrativa de zona de ocupación aliada. Sin embargo se impuso el criterio del canciller Konrad Adenauer y la capital de la RFA acabó siendo Bonn.

Los viajeros que han estado en Frankfurt dicen que en muchos restaurantes pueden sentarte en la mesa de un desconocido si hay sitio en su mesa. No hay ningún problema: si te pasa eso saluda al resto de comensales y ve a tu aire. Nadie te molestará si tú no molestas.

Ampelmännchen y Colonia

Hamburgo: Durante los meses de verano se pueden ver a orillas del río Elba numerosos chiringuitos llamados “Beach Clubs” con un logrado ambiente playero: sombrillas, sillas de mimbre, gente en bañador o bermudas, playas artificiales… se organizan cada año y tienen mucho éxito en los ciudadanos. Pero un consejo: no te dejes llevas y te metas en el agua… ¡Está terminantemente prohibido!

Uno de los lugares más concurridos de Hamburgo es un complejo de edificios neogóticos llamado Speicherstadt o “Ciudad Almacén”. Estas construcciones de más de un siglo de historia se diseñaron para almacenar los productos que llegaban sin costes de aduana al puerto de la ciudad. Hoy albergan oficinas y museos… ¡pero muchos siguen siendo depósitos de mercancías como cacao, té, tabaco u ordenadores! ¿Os imagináis que algún día construyeran un museo en la nave F de Mercamadrid?

Heidelberg: tiene muchos lugares de interés como su Universidad, la iglesia de San Pedro o el puente antiguo. Pero lo más visitado de la ciudad es el barril de vino más grande del mundo, que se encuentra en el castillo de la ciudad. Data del año 1751, tiene una capacidad de 220.000 litros y es tan largo que se le pudo instalar una pista de baile encima. Sin embargo nunca ha llegado a estar lleno de licor. De hecho se cuenta que los soldados franceses que entraron en la ciudad durante la Segunda Guerra Mundial se llevaron un chasco considerable al comprobar que dentro de Karl-Theodor-Fass (así se llama el tonel) no había otra cosa que aire.

Heidelberg tiene el honor de ser lugar de nacimiento de varias cabezas coronadas en el extranjero. El primero fue Ananda Mahidol, octavo rey de la dinastía Chakri de Tailanda; la segunda fue Silvia Renate Sommerlath, conocida como la reina Silvia, esposa de Carlos Gustavo de Suecia. Por cierto, no nos olvidamos que Heidelberg también vio nacer a uno de los actuales “reyes de las pantallas de cine”, el guapísimo Michael Fassbender.

Speicherstadt y Karl-Theodor-Fass

Munich: como sabéis la manera correcta de nombrar a la ciudad es München. Esta palabra en alto alemán antiguo significa “ciudad de los monjes”. Esto se debe a que fue fundada por una congregación de monjes benedictinos, de ahí que el escudo de la ciudad tenga a un fraile.

Pero Munich también es una ciudad en la que puso sus pies el diablo… y hay pruebas de ello. Si vais a la Frauenkirche (Iglesia de Nuestra Señora) veréis que una de las baldosas tiene la huella de un pie. La leyenda tiene su encanto: el constructor de la iglesia Jörg von Halspach hizo un pacto con el demonio según el cual conseguiría toda clase de favores a cambio de construir el templo sin ventanas. Von Halspach, sin embargo, las hizo que tal manera que no pudieran verse desde el lugar en el que se le aparecería el maligno. El diablo, confiado, estaba a punto de conceder sus deseos al maestro de obra; pero dio un paso al frente y comprobó que todo era una ilusión óptica; así que enfadado decidió dejar su huella en el suelo del recinto sagrado.

Tübingen: en esta pacífica y civilizada ciudad tiene lugar una curiosa tradición. Todos los años los habitantes se dividen en equipos que deben circundar con sus barcas la isla del río Neckar. Hasta aquí todo bien, pero lo curioso viene al finalizar la carrera: los ganadores reciben como premio un barril de cerveza; pero los perdedores deben tragar medio litro de aceite de hígado de bacalao. Algunos creen que detrás de está última costumbre hay una broma pesada universitaria.

Por cierto, la de Tübingen es una de las universidades más prestigiosas de Alemania, además de una de las más jóvenes de las más antiguas (fue fundada en 1477). Algunos de sus más ilustres estudiantes han sido Alois Alzheimer, que identificó por primera vez los síntomas de la enfermedad que lleva su nombre; Johannes Kepler, el famoso astrólogo y matemático; o Joseph Ratzinger, conocido actualmente como “Benedicto XVI”.

Emblema de Munich y Tübingen a orillas del Neckar

Esperamos que estas curiosidades os hayan llamado la atención y os hagan visitar Alemania. Nos haría mucha ilusión que, gracias a estas pequeñas historias, considerarías estas ciudades como un lugar donde tener una vida, además de un trabajo.

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