Los tópicos de Londres y la cruda realidad

Londres, capital de Inglaterra:  lugar de niebla perpetua , pertinaz lluvia, gentes excéntricas e inamovibles tradiciones centenarias… o eso es lo que pensamos. Pero, ¿realmente es así la ciudad?, ¿qué es real y qué forma parte de una tupida red de tópicos?

Comencemos por la “sempiterna niebla”. Londres tiene el Támesis  y todos sabemos que una ciudad junto a un río siempre sufrirá de este fenómeno meteorológico; pero según hemos sabido Londres tiene menos días de niebla que, por ejemplo, Zaragoza. Esa mítica y terrorífica niebla entre la que se movía Jack el destripador era “smog”, una neblina producida por el humo de las calefacciones de madera y carbón que se usaron hasta mediados del siglo XX. Es decir: contaminación pura y dura. Hoy, por supuesto, el  aire londinense es respirable.

¿Se pasa el día lloviendo en la capital del imperio británico? Cierto es que se trata de una de las ciudades europeas con menos horas de sol al año; pero que esté nublado no significa que siempre esté diluviando. De hecho la media de precipitaciones en Londres está por debajo de las de otras ciudades como Zúrich, Viena, Roma… ¡e incluso Bilbao!

¡Hasta los típicos transportes londinenses han cambiado!

¡Hasta los típicos transportes londinenses han cambiado!

Un malicioso dicho afirmaba que “mientras en París encontramos buena comida en la mesa, en Londres sólo encontramos buenos modales en la mesa”.  ¿Es cierto? Bueno… han corrido ríos de tinta sobre ello. El escritor Lawrence Norfolk afirma que la inglesa fue una de las cocinas más cuidadas y sabrosas del mundo, pero con la llegada al poder  de Cromwell  y sus puritanos el panorama gastronómico cambió por completo. Citas históricas aparte, Londres se ha convertido en una de las ciudades con mejores y más variados restaurantes del mundo. Por cierto ¿os suenan nombres como Jamie Oliver o Gordon Ramsay? Ambos genios de la cocina tienen restaurantes en la ciudad.

Los londinenses tienen fama de ser puntuales hasta un punto casi irritante; pero, ¿realmente es así? Hay quien piensa que se trata de una antigua buena costumbre que se convirtió en tópico. Nos explicamos: parece ser que las nuevas tecnologías fomentan el retraso. Un hombre de negocios inglés antiguamente no podía permitirse el lujo de quedar mal llegando tarde; pero ahora no hay nada más fácil que justificar la tardanza vía email o mensaje de texto.

Hablando de puntualidad. ¿De verdad en Londres todo se para con motivo de la hora del té? Bueno, eso sería como decir que Madrid se queda desierta a la hora de la siesta. Habría que decir que los londinenses son verdaderamente aficionados al té; pero no lo toman todos y  a la vez a las cinco en punto. Pueden tomar un té como nosotros tomamos un café tras la comida a media tarde… si les apetece, claro.

Os quitaríamos más ideas preconcebidas sobre esta gran ciudad, pero el artículo nos está quedando muy largo. Sólo nos queda invitaros a venir a Londres y que descubráis que las cosas no son como nos las cuentan, sino que pueden llegar a ser más interesantes.

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